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¡NO TENGAN MIEDO!

Categories: Pastor Carlos

Primera NavidadEsta semana conmemoramos aquella noche en que se le apareció un ángel del cielo a unos humildes pastores en la campiña judía para el cumplimiento de la profecía del profeta Isaías tantos años atrás.

Siempre recordamos el coro celestial clamando “¡Gloria a Dios en las alturas…!” y lo plasmamos en nuestras representaciones navideñas con pastores, pesebres y nuestros niños repitiendo ña escena en el portal de Belén.

Pero hoy quiero hacer énfasis en lo PRIMERO que dijo el ángel a los pastores: NO TENGAN MIEDO – les traigo buenas nuevas que darán gran alegría a toda la gente… ¡El Salvador — sí, el Mesías, el Señor — ha nacido hoy en Belén, la ciudad de David.”

¡NO TENGAN MIEDO!

¡Ahora no hay por qué temer! Tenemos al Cristo, el Mesías esperado, luchando con y por nosotros.

¡NO TENGAN MIEDO!

Tres sencillas palabras que también Jesús compartió con Sus discípulos en varias ocasiones, tales como la narrada en el décimo capítulo del libro de Mateo:

Mateo 10:26-39 NTV

26 Pero NO TENGAN MIEDO de aquellos que los amenazan; pues llegará el tiempo en que todo lo que está encubierto será revelado y todo lo secreto se dará a conocer a todos. 27 Lo que ahora les digo en la oscuridad grítenlo por todas partes cuando llegue el amanecer. Lo que les susurro al oído grítenlo desde las azoteas, para que todos lo escuchen. 28 NO TEMAN a los que quieren matarles el cuerpo; no pueden tocar el alma. Teman sólo a Dios, quien puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno.

29 ¿Cuánto cuestan dos gorriones: una moneda de cobre? Sin embargo, ni un solo gorrión puede caer a tierra sin que el Padre lo sepa. 30 Y, en cuanto a ustedes, cada cabello de su cabeza está contado. 31 Así que NO TENGAN MIEDO; para Dios ustedes son más valiosos que toda una bandada de gorriones.

32 Todo aquel que me reconozca en público aquí en la tierra también lo reconoceré delante de mi Padre en el cielo. 33 Pero al que me niegue aquí en la tierra, también yo lo negaré delante de mi Padre en el cielo.

34 ¡NO CREAN QUE VINE A TRAER PAZ A LA TIERRA! NO VINE A TRAER PAZ, SINO ESPADA. 35 He venido a poner a un hombre contra su padre, a una hija contra su madre y a una nuera contra su suegra. 36 ¡Sus enemigos serán los miembros de su propia casa!

37 Si amas a tu padre o a tu madre más que a mí, no eres digno de ser mío; si amas a tu hijo o a tu hija más que a mí, no eres digno de ser mío. 38 Si te niegas a tomar tu cruz y a seguirme, no eres digno de ser mío. 39 Si TE AFERRAS a tu vida, la PERDERÁS; pero, si ENTREGAS tu vida por mí, la SALVARÁS.

En tres ocasiones en este pasaje, Jesús nos exhorta a NO TENER MIEDO.

Como representantes del Rey del Universo en la tierra, debemos ser VALIENTES e INTRÉPIDOS.

Él nos capacita para ENFRENTARNOS a los problemas que la vida nos presenta y vivir CONFIADOS en que ya nos ha dado la VICTORIA.

NO TENEMOS MIEDO, porque todo lo secreto y oculto SE CONOCERÁ. Esto significa que la VERDAD TRIUNFARÁ sobre toda tiniebla, mentira o falsedad y nosotros somos embajadores de la VERDAD, que es Jesucristo.

Se nos exhorta a NO TENER MIEDO de proclamar con SEGURIDAD y VALENTÍA el mensaje de las Buenas Nuevas que nos ha sido revelado.

Debemos GRITAR DESDE LAS AZOTEAS lo que hemos conocido en secreto – en nuestro tiempo de oración y comunión íntima con Él, que es cuando Él se nos revela.

Tenemos que COMPARTIR lo que vamos aprendiendo acerca del Reino de Dios. La revelación del Espíritu Santo NO ES SOLAMENTE para nuestro provecho personal, sino también para dar a conocer las BUENAS NUEVAS del Evangelio.

Dios se nos revela a nosotros para que nosotros Lo revelemos a un mundo incrédulo y temeroso.

Pero, al compartir este mensaje revelado a nuestro espíritu por el mismo Espíritu de Dios, tenemos que ser valientes y no amilanarnos ante aquellos que pretenden entorpecer, callar o detener la obra del evangelio.

Debemos continuar compartiendo el mensaje de salvación con el mismo amor, ímpetu e insistencia que lo hacía Jesús mientras estaba en la tierra. Así fue que lo aprendieron Sus discípulos, los apóstoles y vemos el ejemplo que ellos nos han dejado a lo largo del Libro de los Hechos de los Apóstoles y las epístolas.

Ellos no escatimaron las dificultades, penurias, sacrificios y sufrimientos que tuvieron que soportar. NUNCA SE QUEDARON CALLADOS.

En el Libro de los Hechos de los Apostóles, capítulo 5, se nos narra la historia de cómo Pedro y los apóstoles realizaron milagros en el Templo, fueron aprehendidos, puestos en la cárcel y un ángel se les apareció, los dejó en libertad y les dio instrucciones de que regresarán al templo a continuar compartiendo las buenas nuevas.

Ni cortos ni perezosos, al AMANECER volvieron los apóstoles al mismo lugar en que habían sido apresados el día antes y continuaron predicando las experiencias de haber caminado junto a Jesús y lo que habían aprendido de Él, tal y como Él mismo les ordenó antes de partir.

Nos dice que los sacerdotes (los mismos que habían crucificado a Jesús poco tiempo áreas) mandaron a buscarles a la cárcel y, al no encontrarlos, los fueron a buscar al templo. Dice que los arrestaron ahora sin violencia, porque temían lo que pudiera hacer el pueblo.

Y me imagino que también estarían asombrados por la manera en que escaparon debajo de sus propias narices de manera sobrenatural.

Y se desató el siguiente intercambio:

Hechos 5:28-29 NTV

28 ¿Acaso no les dijimos que no enseñaran nunca más en nombre de ese hombre?, les reclamó. En lugar de eso, ustedes han llenado a toda Jerusalén con la enseñanza acerca de él, ¡y quieren hacernos responsables de su muerte! 29 Pero Pedro y los apóstoles respondieron: NOSOTROS TENEMOS QUE OBEDECER A DIOS ANTES QUE A CUALQUIER AUTORIDAD HUMANA.

Pedro y los apóstoles fueron VALIENTES, aun a pesar de poner en riesgo su propia libertad física en la cárcel, conociendo perfectamente que su verdadera LIBERTAD ya estaba asegurada en la cruz del Calvario.

Siempre tendremos oposición cuando tratemos de proclamar la VERDAD, porque a la mayoría de las personas les causa terror y pánico enfrentarse a la VERDAD por la manera en que conducen sus vidas.

Algunos de ellos no aceptan estar viviendo de espaldas a su Creador, mientras que otros viven como si Dios no existiera ni tuvieran que rendirle cuentas a nadie.

Por esta razón, no es nuestra labor ACUSAR a nadie – la VERDAD misma les acusa, trayendo CONVICCIÓN a su corazón.

Cuando la autoridad delegada por Dios está sobre nosotros, Él llena nuestra boca con las palabras correctas en el momento correcto y traemos convicción a aquellas personas que están buscando una solución real para sus vidas.

Por supuesto, está la persona que se niega a escuchar. Para esos casos también tenemos consejo de la Palabra de Dios – debemos sacudir nuestros pies y llevarnos nuestra paz con nosotros. Si no están interesados en aprender de Aquél que es el Camino, la Verdad y la Vida, el Príncipe de Paz no puede reposar en ellos.

Pero eso no es motivo para que esa misma paz se aleje de nosotros – nos mantenemos en PAZ y SIN TEMOR.

Si somos falsamente acusados, vilipendiados, abusados por seguir a Cristo, no tenemos que preocuparnos por la justicia, porque la justicia de Dios, a Su tiempo, será nuestra. Dios no nos abandonará NUNCA.

Por otro lado, Jesús nos asegura que estamos enfrascados en una BATALLA. Nos dice que no vino a traer paz a la tierra, sino ESPADA.

Es un versículo que puede traer confusión – ¿cómo es que el Príncipe de Paz, el Dios que es Amor, venga a la tierra a traer BATALLA y GUERRA en lugar de PAZ?

Es que Jesús conocía muy bien la condición del corazón de los seres humanos y la batalla que los Suyos tendríamos que librar ante todo ataque que enfrentaríamos.

La historia del Evangelio ha sido muestra de este hecho durante más de 2,000 años. Aunque es cierto que en el nombre del Evangelio se han cometido barbaridades como las Cruzadas, no es menos cierto que la persecución ha sido constante y seguida para los que han tratado de llevar la voz de la PAZ del Evangelio de Jesús.

Hoy día, mueren más personas por el Evangelio a través del mundo que en los 2,000 años anteriores de la historia de la Iglesia de Cristo.

Muchas veces, somos rechazados por nuestros propios familiares, porque nos ven con los mismos ojos que nos conocieron cuando éramos pecadores empedernidos y no pueden creer nuestra CONVERSIÓN y TRANSFORMACIÓN desde que conocimos a Cristo personalmente.

Es nuestra labor CONVENCERLES por medio de nuestro TESTIMONIO. ¡No debe haber ninguna mancha de duda en sus mentes de que nuestra transformación ha sido REAL! Esa parte no les toca a ellos, sino a nosotros.

TODO es por Dios y para Dios. Él va por encima de TODO, casa, familia, hijos, padres. Pero Jesús sabía muy bien que Su venida sería motivo de división y contienda en el seno familiar de muchos.

Cuando colocamos a nuestra familia y las cosas familiares POR ENCIMA DE DIOS, nos estamos desviando de la Voluntad expresa de Dios, Quien desea adoración y entrega TOTAL y VERDADERA.

Tenemos que tener cuidado con los de nuestra propia familia, especialmente aquellos que aún no han creído. No es que los dejemos de amar, al contrario. Debemos mantenerlos diariamente en nuestras oraciones y en nuestra mente.

Pero nos tenemos que esforzar más por agradar a Dios que por agradarles a ellos.

ENTONCES, dice la Palabra de Dios que hay una PROMESA para que sea salva nuestra CASA junto con nosotros. Aunque no veamos resultados inmediatos en sus vidas, confiamos en esa promesa de Dios para nuestras vidas.

Hay veces que Dios nos llama a cosas mayores y mejores, pero hay lazos familiares que nos detienen. No hacemos caso de lo que Dios trata de decirnos y justificamos nuestra acción con la misericordia y el amor por los nuestros.

Eso suena muy bonito y loable, pero NO PUEDE SER A EXPENSAS DE HACER AQUELLO PARA LO CUAL DIOS NOS HA LLAMADO.

¡TODAS LAS LEALTADES DEBEN CEDER PASO A LA LEALTAD A DIOS!

Paso seguido, Jesús nos pide que TOMEMOS CADA UNO NUESTRA PROPIA CRUZ y Le sigamos. Como cristianos, tendremos muchas veces que dejar ambiciones personales o la comodidad. Puede que tengamos que renunciar a un sueño que no viene de parte de Dios.

Como mínimo, tendremos que sacrificar nuestra voluntad, porque somos llamados a hacer lo que Dios quiere y no lo que queramos nosotros.

Y finalmente, viene un versículo importantísimo en el cual está encerrada la promesa de Cristo para los que DECIDEN perder su propia vida por la vida que Cristo nos ofrece:

“Si TE AFERRAS a tu vida, la PERDERÁS; pero, si ENTREGAS tu vida por mí, la SALVARÁS.”

¡Qué gloriosa promesa de vida eterna para nosotros!

Es una AVENTURA seguir a Cristo… pero tiene una GRAN RECOMPENSA AL FINAL¡NUESTRA VIDA CON ÉL EN LA ETERNIDAD!

Precisamente por eso es que NO TENEMOS MIEDO. En Él, encontramos la verdadera VICTORIA – sobre la muerte, sobre la enfermedad, sobre el llanto, sobre las acechanzas del mismo diablo.

Jesús nos dice hoy, al igual que entonces: ¡NO TENGAN MIEDO!

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Author: Carlos Camacho

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