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La Incomparable Gloria de Dios

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Gloria de Dios

La gloria es algo que todos buscan. La define el Diccionario de la Real Academia Española, en su primera acepción, como:

Reputación, fama y honor extraordinarios que resulta de las buenas acciones y grandes cualidades de una persona.

Y en su cuarta acepción, como:

Majestad, esplendor, magnificencia.

En cierta medida, nuestro mundo actual puede definirse por el afán de muchos de lograr gloria y reconocimiento. Estas son señales de respeto y, por supuesto, de poder.

Los soberanos y gobernantes exhiben su “gloria” en sus vestimentas, vehículos, ceremonias, coronas, tiaras y posesiones o riquezas.

En las monarquías se destacan la pompa y la ceremonia; en las democracias destacan imponentes medidas de seguridad y los vehículos blindados; en los regímenes totalitarios destacan fuerzas policíacas represivas y la idolatría de los líderes por parte de los gobernados, como hemos visto recientemente en Corea del Norte, con la muerte del dictador de turno.

Pero cada una de estas “glorias” palidece ante una GLORIA superior, absoluta e incomparable que es la Gloria de Dios.

Para muchos, lamentablemente, “la gloria de Dios” no pasa de ser una frase trillada y repetida a manera de papagayo por los cristianos cada vez que exclamamos “¡Gloria a Dios!”

Pero debemos entender de manera clara y concisa que la Gloria de Dios no es algo pasajero ni trillado, sino el motor de creación del universo y todas las pequeñas glorias humanas están muy por debajo de ella, sin importar la importancia o grandeza que pueda tener la persona “glorificada”.

La Biblia nos habla claramente de la Gloria de Dios y nos da evidencias, tanto individuales como multitudinarias de la manifestación de la Gloria de Dios entre los seres humanos.

Profetas como Isaías y Ezequiel nos detallan cómo fueron testigos de la sublime Gloria de Dios en sus respectivos ministerios.

Isaías 6:1-4 RV 1960
1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.

Ezequiel 10:4 RV 1960
4 Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del querubín al umbral de la puerta; y la casa fue llena de la nube, y el atrio se llenó del resplandor de la gloria de Jehová.

Ambos son relatos asombrosos de la manifestación de la Gloria de Dios frente a sus propios ojos. Separados por casi doscientos años, tuvieron una experiencia muy similar, con elementos comunes, como la nube, el resplandor y la llenura de la casa.

El escéptico puede alegar que fueron alucinaciones de fanáticos religiosos que no fueron confirmadas por testigos. Pero la Biblia está llena de relatos igualmente impactantes en que la Gloria de Dios se manifestó en medio de las multitudes.

Así vemos la experiencia del Tabernáculo en el desierto, en el cual se manifestaba la Gloria de Dios en múltiples ocasiones, especialmente cuando Moisés clamaba al Señor por el pueblo y cuando inauguró el tabernáculo después de construido.

Éxodo 40:34-38 RV 196034 Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo. 35 Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y LA GLORIA DE JEHOVÁ LO LLENABA. 36 Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; 37 pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. 38 Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.

En otra ocasión, vemos la inauguración de la casa de Dios, el Templo de Salomón, que fue inundado por la presencia de la Gloria de Dios el mismo día de su estreno.

2 Crónicas 7:1-3 RV 19601 Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa. 2 Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová. 3 Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, y su misericordia es para siempre.

En el Nuevo Testamento, Jesucristo mismo es la imagen de la Gloria del Padre, manifestada nuevamente entre los hombres para que pudieran creer en Aquél que Le envió.

Lucas nos revela cómo los ángeles del cielo se le aparecieron a los pastores y, junto a ellos, estaba la Gloria de Dios, la cual les infundió temor y espanto. Desde el mismo comienzo, Jesús era la manifestación de la misma Gloria de Dios.

Pero, al igual que en todas las ocasiones anteriores de la manifestación de Su Gloria, aunque hubo algunos que pudieron creer y reconocieron la Gloria de Dios manifestada en medio de ellos, la mayoría no pudo creer.

Juan 12:37-43 RV 1960
37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? 39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan, y yo los sane. 41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él. 42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. 43 Porque amaban más la gloria de los hombres que LA GLORIA DE DIOS.

¡Qué lamentable condición! Viendo, no veían y no pudieron entender, aunque la Gloria de Dios estaba delante de sus propios ojos.

Es la misma condición del pueblo de Israel en el desierto y de las personas a las cuales les predicó Isaías – veían, pero no podían ver. Estaban ciegos ante las maravillas de la Gloria de Dios manifiesta entre ellos.

¡Y lo mismo sucede hoy día! Las personas prefieren creer en el horóscopo, en la suerte, en la magia, en la santería, en los muertos, en los espíritus, en fin, en cualquier cosa que no sea la manifestación de la Gloria de Dios.

Los ojos de muchos están tan cerrados hoy como estuvieron hace 2,000 años. Entonces no reconocieron al Mesías y ahora tampoco, a pesar de la evidencia tan abrumadora que existe en el récord bíblico y al testimonio de tantas miles de personas.

Jesús vino para hacer cesar las tinieblas en los ojos de la humanidad. Vino a quitarnos las vendas que no nos permitían ver porque habíamos rechazado a Aquél que envió a Su Hijo amado a morir por nosotros. Porque el que rechaza a Jesús, no Le rechaza a Él solamente, sino también a Aquél que Le envió.

Juan 12:44-48 RV1960
44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; 45 y el que me ve, ve al que me envió. 46 Yo, LA LUZ, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. 47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. 48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

Hoy nos tenemos que preguntar seriamente si estamos dispuestos a dejarnos quitar la venda de la ceguera espiritual o vamos a continuar siendo como siempre ha sido el ser humano delante de la manifestación de la presencia de
Dios en todo Su esplendor.

Cuando Jesús resucitó a Lázaro, produjo uno de los milagros más impactantes y poderosos de Su ministerio. Dejó pasar cuatro días para asegurarse de que nadie pudiera rechazar el milagro de la Gloria de Dios manifestada por medio de Él.

Juan 11:39-46 RV 1960
39 Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. 40 Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la GLORIA DE DIOS? 41 Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. 42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. 43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! 44 Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. 45 Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. 46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho.

A pesar de haber presenciado el milagro más poderoso del cual pudiera ser testigo cualquier ser humano, habían decidido NO CREER y marcharon en busca de Sus enemigos. Dice en el v. 53: “Así que, DESDE AQUEL DÍA ACORDARON MATARLE.

Jesús sabía que grandes multitudes no iban a creer Su mensaje. Eso mismo sucede hoy día y todavía nos sorprende, aunque fuimos claramente advertidos por Pablo en su segunda carta a los corintios:

2 Corintios 4:4-6 RV 1960
4 … el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de LA GLORIA DE CRISTO, el cual es LA IMAGEN DE DIOS. 5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. 6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del CONOCIMIENTO DE LA GLORIA DE DIOS EN LA FAZ DE JESUCRISTO.

Es solamente a través del conocimiento de Jesucristo que podemos llegar a contemplar hoy día la misma Gloria de Dios que se manifestó en Sinaí, en el Templo y en la resurrección de Lázaro.

Y vivimos en la esperanza de la promesa de salvación para aquellos que se quiten las vendas del espíritu y puedan observar Su gloria como en aquel tiempo. Y sabemos que estaremos un día, ya pronto, celebrando y permaneciendo eternamente ante Su Gloria.

Apocalipsis 21:9-11; 22-23; 27 RV 1960
9 Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. 10 Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 11 teniendo la GLORIA DE DIOS. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal.

22 Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. 23 La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque LA GLORIA DE DIOS la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.

27 No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino SOLAMENTE LOS QUE ESTÁN INSCRITOS EN EL LIBRO DE LA VIDA DEL CORDERO.

Seamos testigos inamovibles de la Gloria de Dios, manifestada en Jesucristo, el Cordero de Dios que quita TODO el pecado del mundo.

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Author: Carlos Camacho

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