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Ahora Somos HIJOS de Dios

Categories: Pastor Carlos

Juan 1:10-13 RV 1960

10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos HIJOS DE DIOS; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

 

 

 

 

Algunos recibieron a Jesús cuando vino, dándole la bienvenida. A ESOS les dio Jesús el derecho de llegar a ser hijos de Dios.

Algo similar a esto ocurre en nuestras vidas hoy día, cuando decidimos a darle la bienvenida a Jesús en nuestros corazones o rechazamos su soberanía en nuestras vidas.

No podemos llegar a ser hijos de Dios por nuestra propia naturaleza, sino que tenemos que llegar a serlo.

No podemos hacernos a nosotros mismos hijos de Dios; tenemos que entrar en la relación con Dios que Él nos brinda. Nunca podremos hacernos hijos de Dios por nuestra propia voluntad, sino sólo cuando Dios mismo abra el camino.

Lo que Dios ofrece, tenemos que hacerlo nuestro. Del mismo modo que un padre humano le ofrece a sus hijos amor, consejos y amistad, y hay hijos que no los acepten y sigan sus propios caminos, también sucede con Dios: Él nos ofrece el privilegio de llegar a ser hijos, pero no nos obliga a aceptarlo.

1 Juan 3:1-2 RV 1960
1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados HIJOS DE DIOS; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 2 Amados, AHORA SOMOS HIJOS DE DIOS, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

Es un privilegio ser llamados hijos de Dios. Llevar el apellido de la familia de Dios es algo que debe encaminar nuestros pies bien, permitiéndonos completar el peregrinar de esta vida conforme a la voluntad de nuestro Creador y Padre.

En el Antiguo Testamento Israel fue el pueblo del pacto con Dios. Dios quiso acercarse a Israel para ser su Dios, y que ellos fueran Su pueblo. Aquella relación dependía de que Israel cumpliera la Ley.

Sin embargo, ahora en el Nuevo Testamento recibimos NUESTRA ADOPCIÓN.

Todos los seres humanos somos hijos de Dios en el sentido de que Le debemos a Él nuestra vida, pero sólo llegamos a ser Sus hijos verdaderos solamente por un acto de la gracia de Dios y la respuesta de nuestros corazones.

Romanos 8:14-17 RV 1960
14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también HEREDEROS; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Los cristianos somos adoptados como hijos en la familia de Dios. Este principio de adopción tiene 4 consecuencias principales:

  1. Perdemos todos los derechos de nuestra vieja familia, y adquirimos TODOS los derechos de un hijo legítimo de la nueva familia.
  2. Somos constituidos herederos de las propiedades de nuestro nuevo padre. Y la Palabra de Dios nos revela que Dios es dueño del oro y de la plata. Es el Rey del universo, el Creador de todo cuanto existe.
  3. Nuestra vida anterior se borra completamente. Si teníamos deudas, quedan canceladas. Comenzamos una vida nueva sin vínculo alguno con el pasado.
  4. Nos convertimos en hijos de nuestro nuevo padre en todos los sentidos.

Dios, en su misericordia de Padre perfecto, nos tomó como posesión exclusiva. Ya el pasado no tiene autoridad sobre nosotros; Dios se convierte en nuestro dueño absoluto.

El pasado queda cancelado, nuestras deudas son eliminadas y heredamos todo lo que es suyo.

Somos coherederos con Jesucristo. Esto significa que lo que Cristo hereda, nosotros lo heredamos también. Así como Cristo resucitó a la vida y a la gloria, nosotros también heredamos esa vida y gloria.

Esa misma gloria obra en nosotros, permitiendo que nuestras transgresiones, nuestro alejamiento del camino correcto hacia Dios y nuestras rebeliones en Su contra sean TODOS eliminados.

Siendo nosotros merecedores de castigo, Dios decide extender Su infinita gracia sobre nosotros solamente porque es Dios.

Isaías 43:25 RV 1960
Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y NO ME ACORDARÉ de tus pecados.

Es que cuando Dios perdona nuestros pecados, los olvida totalmente.

Entonces, y solamente entonces, podremos venir delante de Él con la frente muy en alto, afirmando con certeza y seguridad:

¡AHORA SOMOS HIJOS DE DIOS!

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Author: Carlos Camacho

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